Viajando es como aprendí a no rendirme

¿Sueñas con perseguir tu idea y te preguntas si merece la pena el esfuerzo?

No importa qué hagas, a qué te dediques o cuales sean tus intenciones. Seguro que te has visto más de una vez inundado en estos pensamientos.

El camino más fácil para perder tu propia batalla es dejarlo a la mitad, donde mueren el 99% de tus sueños.

Seguro que estás familiarizado con lo siguiente…

Persigue tus pasiones. Lucha por tus sueños.

Suena muy bien y muy poético. Perfecto para ponerlo en tu estado de Facebook o como texto para tu última foto de Instagram — lo has hecho, yo también -.

Debajo de frases de galletitas de la suerte suele haber escondida una gran verdad. Tan simples que dejan que su verdadera esencia se quede a medio camino.

Dejarse vencer por la negatividad y ser nuestro peor enemigo es una trampa del día a día de la que no podemos escapar. Al fin y al cabo vivimos en nuestra propia jaula. Nuestro cerebro. Que, en el peor de los casos y con la energía equivocada se convierte muchas veces en un callejón sin salida.

Pero no tiene porqué ser así.

Tú que encontraste todas las excusas y algunas más para retirarte antes de tiempo. Sin darte cuenta de que lo más grave es abandonar a medio camino de conseguir lo que te has propuesto. Ese libro que siempre quisiste escribir o la empresa que nunca llegaste a montar.

La perseverancia es el único camino.

Y te ves dándote un atracón de patatas fritas de bolsa en una tarde gris de domingo. Planteándote tu propia existencia y enfurecido pensando… ¡Malditos domingos!

Malditos domingos porque mañana es Lunes y tú no has hecho nada para cambiarlo.

No te dejes engañar, no hay prisa. Y sí, tenemos tiempo.

Nuestra influencia por lo que nos rodea. La sensación de inmediatez que nos inunda cada día nos ha conducido a la frustración y al corto plazo.

Nada pasa a corto plazo.

No existe eso que llaman éxito mientras duermes. Siempre hay una historia detrás de cada triunfo. Normalmente incluye llantos, rabia o incluso ponerse al revés en el sofá mirando al techo (vale, quizá eso sólo lo hago yo).

No te dejes engañar por esa sensación de urgencia, de querer las cosas para ahora. Es una trampa que acabará eliminando tus ganas de seguir luchando cada día.

Viajando es como aprendí a no rendirme.

viaja no te rindas

Eran casi las siete de la tarde y el sol estaba cayendo rápidamente. Estaba en una gasolinera cerca de Aachen, una ciudad fronteriza entre Alemania y Bélgica. Probablemente el lugar más desolado que había visto hasta aquel momento.

Me puse en la entrada a la autopista con mi mejor sonrisa y mi dedo pulgar en alto. Quería llegar esa noche a Colonia, Alemania. Pero, durante las siguientes dos horas sólo pasaron un par de vehículos ignorándome completamente.

El día prácticamente se había ido, y con la luz del sol, también mis esperanzas.

Miraba de un lado al otro pensando dónde iba a meterme, allí, en medio de la nada. No había hostales, tampoco una ciudad a la que llegar andando. Creí que pasaría esa noche escondido en un rincón entre los arbustos.

Ni si quiera tenía una tienda de campaña.

Creía que todo estaba perdido y sentía que el día me había ganado la batalla. Quién iba a parar ahora, en un lugar tan oscuro, a un gallego con una mochila verde y cara de susto, pensaba.

Un Mercedes de alta gama como salido de ninguna parte se detuvo delante de mí. Estaba tan cansado y deprimido que nunca creí que lo haría.

Un amable hombre de origen turco, bien vestido y perfumado, me invitó a subir. Sin esperármelo, me veía a mi mismo subido a un Mercedes con asientos de cuero y tapicería de madera.

Y mientras volábamos a 250km/h hacia Colonia pensaba que a veces lo único que hace falta, y nos falta, es: resistir, persistir y confiar en nosotros mismos.

Y así, aunque parezca magia, o el guión de una película, todo se arregla.

Siempre hay una recompensa al otro lado del camino.

Quizá no sea lo que estabas persiguiendo pero aprenderás algo. Lo que aprendas, sin duda alguna, te llevará un poco más cerca a lo que estás persiguiendo.

Si te sientes vacío. Si sientes tus ideas como cenizas de un fuego olvidado y no sabes qué hacer.

Viaja.

De allí salen las mejores historias y las mejores ideas.

Exponte a tus límites y a la incertidumbre. Ahí es donde vive lo mejor de ti. Tu próxima idea o los problemas que estés enfrentando tienen su solución en el camino.

Por eso yo he decidido que nunca más voy a rendirme. Y espero que tú, desde hoy, tampoco.

Y si no, ya sabes.

Viaja.