Airbnb está matando la economía compartida

Compartir ha muerto.

¿Por qué voy a dejar que alguien se quede en mi casa gratis si puedo cobrarle por ello?

No voy a ser yo el idiota que regala nada cuando todo el mundo está ganando dinero. Airbnb ha venido para hacernos más cutres de lo que ya éramos.

Todo empezó cuando me pidieron dinero para la gasolina. Después empezaron a pedirme dinero por ir a un cumpleaños. Ahora me piden dinero para comer cuando me invitan a casa de alguien.

Todavía no me han pedido dinero para quedarme a dormir. No me sorprendería que ocurriese mañana.

El otro día en un bar tomando un café con un amigo, él pagó primero. Dí por hecho que habría pagado mi café. Al salir, la camarera me gritó que faltaba un café por pagar.

Qué vergüenza.

Dónde quedaron aquellos días en los que te presentabas con una botella de vino y el postre. No hace falta que traigáis nada. Y lo llevabas todo.

No hay nada más desagradable que irte de casa de tus amigos después de una agradable cena que sacar la cartera y preguntar por la cuenta.

¿Es cada día la gente más cutre? ¿Cada día tenemos menos dinero? No.

La culpa es de Airbnb.

¿Tú sigues invitando a tus amigos y les dices: “No hace falta que traigáis nada”? ¿Hasta cuando? ¿Vas a ser el único que se gasta su dinero en los demás mientras ellos ahorran para sus vacaciones en Punta Cana?

Todo empezó cuando la economía del acceso empezó a desbancar la economía compartida.

Mucho antes de Airbnb ha habido otros pero ninguno tan presente en nuestra sociedad. Estamos condenados. Cada día más solos, cada día más cutres, cada día más desconectados. Lo mío es mío y si quieres algo: Paga.

¿Qué es la economía del acceso?

El responsable de hospitalidad de Airbnb, Chip Conley, dice que ellos son la plataforma que permite a desconocidos acceder a tus excesos. A quién no le sobran un par de pisos en Barcelona o Madrid.

Pongámonos en el caso ideal. Lucía y Manuel, una dulce pareja que vive en un barrio céntrico de Madrid, tiene una habitación que siempre está vacía. Sus padres, mayores, pocas veces vienen a visitarlos a la capital. Desde Asturias hay un buen rato. Sobre todo para Moncho, el padre de Manuel, que todavía mantiene su antiguo Renault 19 blanco.

Por eso, han decidido alquilar su habitación a través de Airbnb, para sacar un extra cada mes y quizá ayudar a Moncho a comprarse un coche nuevo.

A quién no le encanta esta maravillosa historia. Esto es exactamente lo que vende Airbnb.

La historia.

 

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Moncho lavando su Renault 19 en Asturias.

Suena bien, pero Airbnb es un timo.

Debajo de ese manto de estrellas en una noche sin luna vive una gran mentira. Nunca he conocido ni a Lucía ni a Manuel. Aunque me encantaría.

La última vez que utilicé Airbnb, aquí en Londres, cogímos la llave de un buzón con un código que me enviaron 24h antes.

¿Dónde están esos anfitriones locales que te abren la puerta con una sonrisa y te explican donde está el mejor café del barrio?

En realidad Airbnb se está forrando y no gracias a Manuel y Lucía. Mientras tanto, yo sin saber dónde tomarme un buen café.

¿Quién se ha llevado mis excesos?

No conozco a nadie que le sobre un piso para alquilar. Mucho menos en una gran capital.

La mayoría simplemente sufrimos cada mes para pagar un piso de tamaño Hamster mientras le decimos a nuestras parejas: ¿Te imaginas no tener que pagar alquiler?

Los excesos. Los de siempre.

Con una búsqueda rápida en Airbnb es fácil ver que las caras de las personas que alquilan pisos suelen ser la misma. Puedes leer más sobre esto aquí.

Hay un pequeño números de personas en cada ciudad haciendo negocio con nuestra vida y nuestro futuro.

Y mientras ellos se forran…

Están poniendo en la mente de la sociedad que eso de dar cosas gratis a tus vecinos y amigos es para tontos.

¿Qué ha pasado con compartir?

Chip, el de la Hospitalidad de Airbnb, asegura que la gente no comparte. Sólo facilita el acceso a los demás.

¿Qué pasa con todas las personas que dejan su casas gratis a desconocidos?

Couchsurfing, la versión amable de la misma idea, no es nada más que un corderito que ya no hace mucho ruido y que Airbnb ha llevado a la sombra.

Hace menos de un año viajé desde Londres a Estambul haciendo autostop. Me quedé a dormir en casa de desconocidos, gratis. Me dieron dinero. Me dieron de comer.

Quizá dentro de diez años nadie pueda hacerlo.

Si dejamos de compartir y empezamos a ganar dinero por todo, la sociedad y este mundo está perdido.

Compartir no tiene nada de Hippy. Es humano.

Tengo la impresión de que hace mucho tiempo que Airbnb ha dejado de entender lo que significa compartir.

No me siento representado por sus ideas. Ni por su visión del mundo. Y están empeorando nuestras vidas.

Airbnb empezó como una idea increíble, pero está destrozando nuestros valores. Empezó como una plataforma para compartir y ahora lo único que quieren es acabar con quien comparte.

La economía compartida no debe morir.

Para que un negocio online tenga futuro tiene que generar dinero. Cuando también genera beneficios para sus usuarios el negocio explota y se convierte en Airbnb. Una empresa valorada en $31 Billones. No tengo ni idea de cuánto dinero es eso. Las cifras grandes sólo las entiendo en pesetas.

Para que la economía compartida funcione el intercambio entre las dos partes no debe estar basado en el dinero. No hay nada de compartido cuando ganas dinero.

Tengo la impresión de que últimamente sólo se trata de forrarse.

Hay millones de ideas disponibles que están esperando a ser ejecutadas.

La economía compartida está esperando ser salvada. Lo necesitamos, tú y yo, la gente. Compartir tiene que ser algo más que un botón en facebook. Tiene que ser humano.

No podemos esperar a que nadie nos salve. Nosotros, los emprendedores nómadas, tenemos que dar un paso al frente y crear las plataformas que vuelvan a dar sentido otra vez a internet.

La economía compartida está atravesando un momento delicado. Cuento contigo para salvarla.

PD. Si no sabes por dónde empezar, te recomiendo leer esto.